Riesgo cuántico para las criptomonedas: la mayoría de las cadenas de bloques no están preparadas

Una nueva revisión concluye que el sector de las criptomonedas ha avanzado en seguridad cuántica, pero que pocas cadenas de bloques ofrecen protección poscuántica en sus redes principales. Un ordenador cuántico suficientemente potente y con corrección de errores podría utilizar el algoritmo de Shor para obtener claves privadas a partir de claves públicas expuestas y falsificar firmas. El hardware actual está muy lejos de alcanzar esa capacidad, por lo que Bitcoin y otras criptomonedas importantes no afrontan una amenaza inmediata. El riesgo a largo plazo es considerable, ya que la migración de las cadenas de bloques podría llevar entre cinco y diez años. Según las estimaciones de investigadores de Google Quantum AI, romper una clave secp256k1 podría requerir menos de 500.000 cúbits físicos y tardar entre 18 y 23 minutos en el modelo que emplean. Los asesores de Coinbase estiman que unos 6,9 millones de BTC, o el 32 % de la oferta, tienen claves públicas expuestas. Las previsiones sobre cuándo podría existir una máquina capaz de hacerlo varían; algunos expertos apuntan a la década de 2030. El NIST ha estandarizado firmas poscuánticas, pero su mayor tamaño podría encarecer las transacciones y reducir el rendimiento. Las redes también afrontan difíciles decisiones de gobernanza, como qué hacer con los activos que nunca migren. El grado de preparación varía: algunos proyectos ya han implementado mejoras o las tienen previstas, mientras que las propuestas para Bitcoin siguen siendo borradores. Para los operadores, el riesgo cuántico es una cuestión de seguridad y gobernanza a largo plazo, no un catalizador inmediato; conviene seguir los planes de migración, los calendarios de actualización y cualquier nuevo indicio de avances en hardware cuántico.
Neutral
Es probable que el impacto a corto plazo en el mercado sea neutro. El artículo afirma que el hardware cuántico actual no puede amenazar a Bitcoin ni a otras grandes cadenas, y no describe ningún ataque activo, pérdida de activos ni cambio inminente del protocolo. Aun así, los operadores podrían reaccionar ante nuevos avances en hardware o anuncios concretos de migración, especialmente en el caso de las cadenas con grandes cantidades de claves públicas expuestas, pero el informe en sí no demuestra que vaya a producirse un ataque inmediato. Esto se parece a advertencias anteriores sobre ciberseguridad: las evaluaciones generales de riesgos suelen provocar breves episodios de volatilidad o debate, pero no movimientos de precios sostenidos, salvo que vayan acompañadas de una brecha de seguridad o de una actualización financiada y programada. A más largo plazo, el riesgo cuántico podría afectar a las valoraciones a través de la confianza en la seguridad de la red, los costes de migración y las disputas de gobernanza. Las firmas de gran tamaño podrían elevar las comisiones o limitar el rendimiento, mientras que los desacuerdos sobre los activos que no se hayan migrado podrían generar incertidumbre en torno a las actualizaciones. Por el contrario, unas hojas de ruta poscuánticas creíbles y su implementación satisfactoria podrían reforzar la confianza. Los operadores deberían distinguir los avances técnicos medibles de las previsiones especulativas y seguir la exposición de las claves públicas, las propuestas de los desarrolladores, los hitos de las actualizaciones y las demostraciones de hardware.