Un estudio de 55 años revela que una asignación del 20 % en oro mejora la rentabilidad ajustada al riesgo de una cartera
Un análisis de la rentabilidad de las inversiones entre 1971 y 2025 concluyó que una cartera que combina acciones estadounidenses con una asignación del 20 % al 30 % en oro obtuvo mejores rentabilidades ajustadas al riesgo sin sacrificar la rentabilidad total. Los bonos del Tesoro redujeron la volatilidad, pero por lo general también redujeron la rentabilidad, y el estudio no encontró una asignación a bonos que fuera óptima de forma constante. En las carteras con acciones, bonos y oro, una asignación de aproximadamente un 20 % al oro ofreció buenos resultados con una amplia variedad de ponderaciones de acciones, mientras que la proporción de bonos podía ajustarse para gestionar el riesgo. Los resultados están influidos en parte por los primeros años de la década de 1970, y el análisis no encontró una forma fiable de anticipar los movimientos del oro ni de los bonos. El estudio sugiere reequilibrar la cartera periódicamente o cuando las asignaciones se desvíen considerablemente de sus objetivos. Los resultados históricos no garantizan rentabilidades futuras ni implican directamente que haya que realizar un movimiento concreto en los mercados de criptomonedas.
Neutral
El artículo examina las asignaciones históricas entre el oro, la renta variable estadounidense y los bonos del Tesoro; no informa de ningún acontecimiento específico relacionado con las criptomonedas ni de nueva información sobre los criptoactivos. Por tanto, su efecto directo en Bitcoin y otros activos digitales probablemente sea limitado. A corto plazo, los operadores podrían debatir sobre el oro como cobertura de cartera, pero es más probable que los precios de las criptomonedas respondan a sus propios factores, como las expectativas sobre los tipos de interés, la liquidez, la regulación y el apetito por el riesgo. A largo plazo, el estudio podría reforzar un debate más amplio sobre la diversificación y los activos defensivos. Los episodios pasados en los que aumentó la demanda de oro como cobertura no han provocado una respuesta sistemática y equivalente en las criptomonedas: a veces, Bitcoin se ha movido al compás de los activos de riesgo y, en otras ocasiones, se ha presentado como una reserva de valor alternativa. Los resultados de 55 años son históricos, están influidos en parte por los primeros años de la década de 1970 y no demuestran que las asignaciones al oro permitan predecir la rentabilidad de las criptomonedas. Al no haber un catalizador directo para los activos digitales, lo más apropiado es una valoración neutral del mercado.