El petróleo alcanza su máximo en seis meses ante el riesgo de un ataque contra Irán
Los futuros del crudo Brent para entrega en diciembre subieron un 4 % el 22 de octubre, hasta los 113,17 dólares por barril, su cierre más alto desde el 4 de mayo. El WTI estadounidense avanzó un 2,4 %, hasta los 99,47 dólares. La subida se produjo tras las informaciones de que Estados Unidos e Israel habían preparado planes para un posible ataque breve e intenso contra Irán después de las elecciones legislativas de mitad de mandato del 3 de noviembre, que podría tener como objetivo instalaciones nucleares y energéticas. La Casa Blanca afirmó que Estados Unidos no atacaría Irán antes de las elecciones y que la decisión final corresponde al presidente Donald Trump, por lo que no se ha confirmado ningún ataque. Irán ha advertido de que podría atacar infraestructuras energéticas del Golfo si se reanudan los combates. Los operadores también siguen de cerca los riesgos para la seguridad en Arabia Saudí, los esfuerzos de Estados Unidos por impulsar la producción y el refino nacionales de petróleo, y las expectativas de unos tipos de interés más altos ante el aumento de la presión inflacionista por los costes energéticos. Para los mercados de criptomonedas, una perturbación prolongada del suministro de petróleo podría reducir el apetito por el riesgo al intensificar las preocupaciones sobre la inflación y los tipos de interés; una escalada también podría aumentar la volatilidad en los mercados mundiales.
Bearish
La noticia es un posible catalizador bajista para las criptomonedas, no una prueba de que se haya producido un ataque confirmado. Unos precios del petróleo más altos pueden elevar las expectativas de inflación y reducir la probabilidad de que se recorten los tipos de interés, o aumentar las expectativas de nuevas subidas. Esto puede presionar la liquidez y el apetito por el riesgo, lo que suele pesar sobre Bitcoin y otros activos volátiles. Los shocks geopolíticos también han tendido a provocar volatilidad a corto plazo y una adopción de posiciones defensivas en los mercados, aunque la magnitud y la duración de los movimientos de las criptomonedas varían. A corto plazo, los operadores pueden reaccionar a una confirmación oficial de una acción militar, a nuevas amenazas contra las infraestructuras energéticas del Golfo, a los movimientos del precio del petróleo y a las expectativas sobre los tipos de interés. Una desescalada o un descenso sostenido del precio del petróleo podrían aliviar esas presiones. A más largo plazo, el efecto sobre las criptomonedas dependerá de si los elevados costes de la energía repercuten en la inflación y la política monetaria; el propio artículo no demuestra que haya cambios directos en la oferta, la regulación o la adopción de criptomonedas.